-Siempre soñé con convertirme en una sacerdotisa, ser tan sabia como ellos…, pero sobre todo continuar la obra de mis padres…Pero conforme pasaba el tiempo mis habilidades no aumentaban… Me sentía una fracasada, estaba enfadada conmigo misma por no saber avanzar… Nedaith me daba aliento, esperanzas… Pero creo que siempre supo mi verdadero destino, desde el primer momento en que me vio. Lo único que se manejar son las runas…
-Nunca subestiméis su poder- sonrió Lavtia- seguro que os habéis preguntado por qué siempre está en el lugar indicado en el momento preciso. Esas rodadas piedrecitas o unos simples arcanos le muestran mucho más que a Seth o a mí, ¡los grandes sacerdotes de la diosa olvidada!
- Más desaparecerá si sus propios siervos la niegan- le reprochó Keira con los ojos iluminados por el fuego.
- Es hora de retirarnos- dijo Seth levantándose.
- Es cierto. Gracias por esta agradable comida. – Se levantaron y desaparecieron en la oscuridad del bosque.
- Es reconfortante saber que tienes pasado- dijo Kahré
-Sí. Ya sabemos que no surgiste de un árbol o una flecha- dijo Kalel burlón- podemos darnos por satisfechos… No eres un producto de nuestra imaginación.
-Ya, claro…, bueno, deberíamos descansar. Apagad el fuego.
Kahré separó los leños, esparció las ascuas, pero las cenizas se empezaron a agrupar, lentamente, dibujando unas extrañas runas. Kahré cerró los ojos y volvió a mirar. Echó a correr.
-¡¡Kahré!!
-¿Qué ocurre?- dijo Keira dejando lo que estaba haciendo
-La hoguera…- le respondió Kalel con la mirada perdida en la ceniza…- ¡Vamos!-Fueron raudos tras él…
Corría lo más rápido que podía, apartando todo lo que le impedía avanzar.
-¡Aaaaaaahh!- La raíz crujió sobre su cabeza, era lo único que le salvaba de no caer en aquel abismo.
-¡Kahré! ¿Estás bien? – Gritó Keira desde el borde del precipicio- ¡Aguanta!
-¡Lo he encontrado!- gritó de júbilo, mirando hacia abajo.
Un puente frágil como la caliza yacía bajo sus pies.
Al otro lado, excavado en la roca, el templo.
Más imaginación...
