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日志


9月8日

Derethnor

 

 

-Siempre soñé con convertirme en una sacerdotisa,  ser tan sabia como ellos…,  pero sobre todo continuar la obra de mis padres…Pero conforme pasaba el tiempo mis habilidades no aumentaban… Me sentía una fracasada, estaba enfadada conmigo misma por no saber avanzar… Nedaith me daba aliento, esperanzas… Pero creo que siempre supo mi verdadero destino, desde el primer momento en que me vio. Lo único que se manejar son las runas…

-Nunca subestiméis su poder- sonrió Lavtia- seguro que os habéis preguntado por qué siempre está en el lugar indicado en el momento preciso. Esas rodadas piedrecitas o unos simples arcanos le muestran mucho más que a Seth o a mí, ¡los grandes sacerdotes de la diosa olvidada!

- Más  desaparecerá si sus propios siervos la niegan- le reprochó Keira con los ojos iluminados por el fuego.

- Es hora de retirarnos- dijo Seth levantándose.

- Es cierto. Gracias por esta agradable comida. – Se levantaron y desaparecieron en la oscuridad del bosque.

 

- Es reconfortante saber que tienes pasado- dijo Kahré

-Sí. Ya sabemos que no surgiste de un árbol o una flecha- dijo Kalel burlón- podemos darnos por satisfechos… No eres un producto de nuestra imaginación.

-Ya, claro…, bueno, deberíamos descansar. Apagad el fuego.

Kahré separó los leños, esparció las ascuas,  pero las cenizas se empezaron a agrupar, lentamente, dibujando unas extrañas runas. Kahré cerró los ojos y volvió a mirar. Echó a correr.

-¡¡Kahré!!

-¿Qué ocurre?- dijo Keira dejando lo que estaba haciendo

-La hoguera…- le respondió Kalel con la mirada perdida en la ceniza…- ¡Vamos!-Fueron raudos tras él…

Corría lo más rápido que podía, apartando todo lo que le impedía avanzar.

-¡Aaaaaaahh!- La raíz crujió sobre su cabeza, era lo único que le salvaba de no caer en aquel abismo.

-¡Kahré! ¿Estás bien? – Gritó Keira desde el borde del precipicio- ¡Aguanta!

-¡Lo he encontrado!- gritó de júbilo, mirando hacia abajo.

Un puente frágil como la caliza yacía bajo sus pies.

Al otro lado, excavado en la roca, el templo.

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8月28日

La vuelta a Rot (I)

"Y a pesar de todo sigues sin creerme..." Aquella frase retumbaba en la cabeza de Kahré, cada vez con más intensidad. Ella se lo había dicho hacía ya demasiado tiempo, pero él hizo caso omiso. Y de ahí lo que se había encontrado al volver al Valle. No tenía ningún sentido volver a Gardiethel, ni a portar de nuevo aquella dorada armadura que le había acompañado tanto tiempo. Sentía que se había traicionado a sí mismo, pero no sabía el porqué. Volvía a la ciudad blanca a buscar respuestas, aunque no fuera el lugar más indicado.

Kahré entró a Rot, después de dos años seguía más o menos igual que la primera y única vez que había estado allí. Una ciudad próspera dentro de la pobreza de la región. Era verano, un mercado de ganado invadía sus calles. El olor a ganado se mezclaba con el intenso olor a hierba y a flores. Había gente de toda la región, algunas caras conocidas, pero demasiada presencia militar. Después de los numerosos ataques frustrados a los dominios del pueblo azul se esperaba una respuesta... pero esta nunca llegaba.

Se dirigió a la tienda de la familia de Kalel, estaba abierta, entró y allí estaba el que seguramente sería el tío de Kalel

-Buenos días artesano.

El pequeño hombre se acercó rápidamente al mostrador

-¿Qué se le ofrece?

-He venido a buscar a su sobrino, ¿se encuentra aquí?

-¿Y quien eres tú?

-Un compañero del ejército. ¿Puedo verle?

-Un subordinado, dirás-dijo el hombrecillo escéptico. Kalel asintió aunque se sintiera más amigo que subordinado.

- Búscale cerca de la plaza, se está encargando de mi puesto. Está vendiendo, así que no le distraigas.

Kalel salió de la oscura tienda, y siguió a la gente. Al momento vio la casa del Hacendado y a Kalel rodeado de capas, calzado y todo tipo de prendas hechas en cuero.

-¡Qué haces aquí!- exclamó Kalel en cuanto le vio.

-No tengo otro sitio a donde ir.

-¿Qué dices? ¿Por qué? ¿Y Petra?

-Ha muerto, pero eso te lo contaré en otro lugar...

Kalel se mostraba confundido.

-Bien, vayamos a mi casa.- Puso a cargo del puesto al mozo y caminó junto a Kalel. -Está en las afueras, vamos y me vas contando.

-Preferiría que....- Kalel vio una mirada familiar entre la gente -¡Eh, tú! ¡Espera!- Kahré dudo en quedarse con Kalel o descubrir que hacía la espía allí. Pero inmediatamente decidió correr tras ella, pero cuando miró hacia el sitio donde la había visto había desaparecido. Así que empezó a buscarla por la ciudad...

-No desesperes, yo estoy aquí, a tu lado.

 

 

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8月21日

La vuelta a Rot (II)

 

-No desesperes, yo estoy aquí, a tu lado. – Parecía que le leía el

pensamiento con aquellos ojos grises. Estaba de espaldas a él. Como

tratando de evitar que la vieran hablando con Kahré. ¿Seguirían sus ojos

valientes e impetuosos como cuando sus miradas se encontraron entre la

gente, o estarían ahora atemorizados? No sabía que hacer: volverse hacia

ella sería un gran error, pero alejarse lo sería igualmente. ¿Por qué una

espía confiaba en él? Y porqué sabía que la duda estaba neutralizando su

 mente… tenía ansias de saber más, le dio una pizca de la miel del

conocimiento y le dejó con ella en los labios, y de ello hacía más de un

 año. – Sal por la puerta este y ve a los riscos, te estaré esperando.

 

Se separaron de nuevo, y Kahré tomó su camino sin más demora. Vio a un

 confundido Kalel buscándole, se miraron y Kahré se puso el dedo índice

sobre los labios y le indicó que esperara. Atravesó el mercado, con paso

 rápido pero no lo demasiado para no despertar sospechas, llegó a la zona

 de la muralla, y salió por el puente, que parecía estar bajado hace ya

mucho tiempo, se dirigió más al este y llegó a los riscos. No vió a la chica

 por ninguna parte, pero entonces se percató de la existencia de una

 cueva escondida entre los arbustos. Entró, podía ver vagamente gracias a

 la luz que entraba por algunas grietas. Bajo uno de esos halos estaba la

 chica, apoyada en una piedra, esperándole.

 

 

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5月8日

El bosque (II)

 

 

 

 

Czelant corría, corría, sin detenerse ni un segundo, las lágrimas de plata se deslizaban por su rostro, haciendo brillar su tristeza. Tenía una alternativa, pero podría ser como colocarse en el centro de la diana. Se detuvo, oyendo aún el trote de caballos sobre las hojas secas, que nunca desaparecía. Cualquiera que le conociera, le habría mirado  en aquel momento con temor y sorpresa. Alzó los delgados brazos, abrió las menudas manos y desplegó las bellas alas de estaño y plata. Se alzó en el aire, con energía, pero sin sobrepasar las copas de los sauces. Sus alas le hacían más rápida, pero también más visible. Batía las ala con todas sus fuerzas, pero un agudo pinchazo le hizo sentir un miedo indescriptible. Cayó abatida al lecho del bosque, como sumida en un profundo sueño.

 

 

 

 

 
 

La tierra de Barak

Jasón aún miraba con pasmo y terror, parecían retenidos sus ojos ante tal escena. Oyó un resonar metálico, el choque de su espada contra el suelo, antes de darse cuenta de que la había soltado. La tierra de Barak se iba a pique, la caja de Pandora había sido abierta, y hasta la esperanza de los hombres había escapado de ella. No pobreza, sino miseria era lo que iba minando a la población. Y así fue durante largos años.